Las cosas que escribo, las plasmo como las siento y la gran
mayoría son cosas que pienso mientras camino por la calle, veo comerciales de
TV esperando a que empiece el programa o estoy en la cama esperando que me dé
sueño. Ésta vez estaba en mi puesto de trabajo en el que debo atender a un
número variable de personas y a todas debo solicitarles su nombre y me he
encontrado con algunos… No sé si llamarles nombres.
Yo vivo en una ciudad fronteriza, razón por la que siempre he atribuido la singularidad de nominaciones de muchos de los que acá viven a la mezcla cultural e infortunada permisividad a la que se le añade una pizca de gusto por copiar aspectos extranjeros que terminan por marcarle la vida a un inocente.
Yo vivo en una ciudad fronteriza, razón por la que siempre he atribuido la singularidad de nominaciones de muchos de los que acá viven a la mezcla cultural e infortunada permisividad a la que se le añade una pizca de gusto por copiar aspectos extranjeros que terminan por marcarle la vida a un inocente.
Es decir, el nombre es un acompañante perpetuo en la vida de
cada persona y aunque algunos desde pequeños son conocidos con sobrenombres que
surgen por distintas razones, como la deformación de su nombre (por ejemplo,
alguien llamado Luis, fácilmente es conocido como Lucho), su parecido físico a
otra persona, animal o cosa (Sé de un taxista que le decían “Montoya” por su
similitud al corredor colombiano, a muchas personas les dicen “Gato” por tener
ojos claros y a otros tantos les dirán “MetroyMedio” por su corta estatura) o
tal vez otra cantidad de razones que personalmente cada quien conoce; el nombre
siempre va a tener su espacio inamovible en el documento de identidad sin
importar su lugar de nacimiento o residencia.
Ese conjunto de letras, que en ocasiones habla por uno mismo,
es el legado que sus padres le han dejado sin importar su nivel
socio-económico, salvo algunas excepciones de familias disfuncionales o
progenitores irresponsables que no dan ni eso y no viene al caso mencionar. Y es ahí donde
surge en mi cabeza una pregunta:
¿En qué están pensando algunos padres de familia (mamás y
papás) cuando ponen nombres que, en lugar de celebrar la llegada al mundo de su
hijo(a), pareciera un lastre vitalicio que debe llevar la nueva criatura?
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Zharick León vió propulsada
su carrera por su papel
como Rosario Montes en la
novela "Pasión de Gavilanes"
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-La farándula cuando nombran a su hija Chariq Natalia, pero
deben tener en cuenta que los nombres extranjeros por sonoros que parezcan no
quedan bien siempre y menos si se les adjunta el nombre de otra persona en un
idioma diferente, además hay que tener en cuenta la correcta escritura de los
mismos para que en un futuro la nueva habitante del planeta no pase una vergüenza
en caso de conocerse con la Zharick León original.
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David Beckam ha sido
uno de los futbolistas más
famosos de la historia
|
-Los gustos deportivos cuando sentencian a su hijo a llamarse Deivis Ronaldo, bueno, acá realmente hay mucha tela por cortar. Para empezar, supongo que “Deivis” es una mayúscula deformación del nombre David que en inglés se pronuncia “Deivid” y no contentos con la apropiación al español, al nombre le es añadida una letra “S” que le da ese toque popular criollo del que “Deivis” no es el único que disfruta, prueba de ello son Yorlenis, Ledys y Naudis, entre otras… ¡Y sí! he escuchado esos nombres, no son producto de mi incomprendida imaginación.
Otros más infortunados aún son víctimas de funcionarios o
personas inescrupulosas como aquellos indígenas que recibieron nombres como “Mariguana”
o “Gorila” por parte de funcionarios estatales violentándoles sus derechos.
Podría seguir con otra cantidad medianamente significativa
de nombres pintorescos pero creo que por encima de eso está la importancia de
la identidad.
Y es que si usted ha tenido la oportunidad (sin decir que sea
bueno o malo) de tener unos padres creativos y excéntricos debe alimentar su
personalidad con mucha Emulsión de Scott y “Tarrito Rojo” (suplementos
vitamínicos que venden en Colombia) y empezar a dar valor a su nombre, aunque
tenga que empezar desde cero cuando los Alejandros, las Fernandas y los
Ricardos ya llevan una buena ventaja.
Es por eso que mi invitación es a que si usted próximamente va
a ser padre o tiene planeado serlo algún día, tenga muy claro que su hijo va a llevar
consigo durante toda su vida el nombre que usted le dará, suponiendo que no es
tan descabellado o vergonzoso como para ir a la oficina de registro más cercana
a cambiarlo tan pronto como cumpla la mayoría de edad.
Por lo pronto sólo debo decir que mi primera hija se llamará
María Alejandra y espero que sea tan dulce como esta niña
Ahora que se han tomado el trabajo de leer, reír y espero
que reflexionar con esta publicación los invito a compartirla y contarme cuáles son esos
nombres estrambóticos que alguna vez han escuchado.


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