Hace mucho tenía atorada esta publicación. Prácticamente me
sentía en deuda conmigo mismo y con el motivo que tengo para escribirla.
La semilla de este post viene del entorno que me
rodea actualmente (Octubre del año 2012). Sucede que en mis redes sociales
encuentro muchas actualizaciones de estado, tweets y publicaciones en general
con citas bíblicas, imágenes que hablan de Dios a favor y en contra, entre otra
cantidad de información que en estos medios abunda.
Pero entre toda esa marejada de letras, videos e imágenes
hubo un postulado que me llamó particularmente la atención; su tesis era algo
similar a: De nada sirve publicar mensajes que hablen de Dios porque él no
tiene Facebook; o algunos similares como “Jesús no tiene Twitter, pero quiere
que lo sigas”, entre otros; que además encuentran su antítesis en “De la abundancia
del corazón habla tu muro”, haciendo un símil con la cita bíblica de Mateo 12: 34
“De la abundancia del corazón, habla la boca”.
Entonces ambos razonamientos reñían en mi cabeza tratando de
responder una pregunta ¿Qué tan acertado es publicar mensajes sobre Dios en las
redes sociales?
Bueno, mi deducción fue que, si bien es cierto, Dios no
tiene redes sociales, sí ve todo cuanto sucede en nuestras vidas y entre sus
mandatos está llevar Su Palabra hasta lo último de la tierra. A eso sumémosle
que sus cuentas son personales y usted, como persona, es libre; y si es
creyente, aún más, porque hace más de dos mil años crucificaron a un hombre
para que usted hoy tenga libertad. Además puede que su “post” sea una semilla
cayendo en buena tierra; probablemente si usted escribe “Amo a Dios porque Él
me da tranquilidad” lo lea una persona que esté pasando por un momento difícil
y necesite de esa tranquilidad de la que usted escribió. De esa forma tal vez
le escriba para decirle: “Quiero conocer a ese Dios”.
Así que concluyo diciendo a los creyentes que no se cayen,
pero que sepan qué publican porque a nadie le gustan los fanáticos que suelen
ser incisivos con un mismo tema sin fondo que finalmente sólo molesta, incluso
a los mismos creyentes. Y a los no creyentes que abandonen el prejuicio y que
si bien tienen la dicha de tener su libertad de culto, para hablar de un
movimiento de cualquier tipo, como mínimo hay que conocerlo antes.
Estos temas suelen ser polémicos, porque como dijo mi amiga
Alejandra: “Cuando se trata de fútbol, religión o política; uno termina
peleando” así que como es habitual dejo abierto el espacio de comentarios para
quienes quieran agregar o controvertir, sólo suplico mesura y respeto a la hora
de publicar. Mostremos buena educación..
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