lunes, noviembre 12

Pan y reinados para el pueblo

 Esa segunda semana de Noviembre es todo un acontecimiento en Colombia, los medios se vuelcan a la ciudad heroica, la atención nacional se dirige a un grupo de mujeres hermosas, pero que dejan mucho qué desear y los problemas políticos y de orden público, prácticamente entran en Stand by.

No me deja de asombrar cómo en un país donde se privatiza educación y salud, entre otros deberes del Estado, una serie de desfiles de veinteañeras mueve tantas fibras sensibles.
Fácil sería decir que la audiencia de ese concurso se reduce a amas de casa en tiempos de descanso, pero sería tan falso como afirmar que las votaciones en los 'realities' son completamente transparentes.

Hace unos años, tras ver que algunos hombres entrados en años fijaban su atención en este simulacro de realeza criolla, vino a mi mente otra vaga hipótesis: "¡Claro! son un montón de viejos verdes que quieren morbosear a esos inocentes ejemplares de la mujer colombiana"; pero nuevamente me autoreprové al ver esos vestidos estrafalarios que nunca serán usados en tiempo ordinario ¿Qué gusto libidinoso iban a encontrar en ellos?.
Contemplé como posibilidad el apoyo de cada grupo geográfico a la representante de su pertenencia, pero de nuevo mi idea se vio descartada tras escuchar comentarios pesimistas, e incluso burlones de coterráneos.
De esa forma, seguía mi lógica tratando de buscar una explicación a la creciente audiencia de este espacio anual. Sólo pude llegar a una conclusión con muchos siglos de aprobación que se remonta al imperio romano y si leyeron el título de esta publicación, sabrán a qué me refiero.
En una tierra en la que a pesar de las cifras optimistas (¿o mentirosas?), la desigualdad se hace manifiesta en las calles, donde se ven grupos étnicos indígenas e inocentes infantes mendigando; un territorio donde los proyectos de mejoría social deben ser financiados por "debajo de cuerda" o que los 'honorables' tengan la certeza de obtener dividendos; en un país así, este tipo de espectáculos resultan siendo una píldora anestesiante que ayuda a dejar de lado tanta preocupación.
Pero, ¿No resulta esto más peligroso? ¿Qué tal si el derroche de estas fechas se canaliza a la mejoría de la educación?
Este asunto parece no tener salida, pues los pobres disfrutan el espéctaculo, los poderosos disfrutan la ceguera de los primeros, los que lo notamos somos pocos y de manos atadas; y para no decirnos mentiras, en ocasiones nos vemos resignados a hacer parte de la audiencia.
Todos tenemos una opjnión distinta y una posición individual al respecto. Examínese y responda ¿Cuál es la suya?
¡Feliz día!

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